Aventuras en Bolivia: Descenso de la Death Road

Aquí estoy de nuevo! Esta vez las ganas de aventura me llevaron a cruzar el charco en 2018 en dirección oeste: ¡Vamos allá, Bolivia! Fue un mes de actividades y aventuras en el país, por supuesto, bajo la guía de «El comandante» (Jaime Barrallo) que es experto en este tipo de viajes desde hace muchos años. No fuimos solos, éramos cuatro aventureros! Contamos con Maite y con Pepe también en el equipo:)

Vídeo resumen de todo el viaje 🙂

Nuestro «cuartel general» estará en La Paz, una ciudad metida en «un hoyo» a 3000 metros de altura. Al llegar desde el aeropuerto (en El Alto) en coche ya se nota la subida en el cuerpo. Basta con dar un tranquilo paseo por sus calles (ciertamente en cuesta, la mayoría) empiezas a notar que te falta el aliento. Necesitaremos pasar allí un día para la adaptación a la altura. Esto es crucial para que todo vaya bien en tu organismo y no te marees ni tengas problemas más graves en la estancia en el país (que además será una estancia físicamente activa). Parece una tontería pero este tema puede atravesarse y hacer que pierdas algún día extra por la adaptación. Afortunadamente, nadie tuvo problemas 🙂

Las personitas somos nosotros

El viaje consta de varias actividades, que un mes da para mucho (aunque Bolivia es enorme!). Comenzaré por el principio 😛 Lo primero que hicimos en Bolivia fue el descenso del Antiguo camino a los Yungas, más conocida como la Death Road, una de las rutas más emblemáticas de Bolivia. Conectaba La Paz con Coroico en Los Yungas, o sea: es una de las pocas rutas que conectaban La Paz con la selva amazónica. Esta ruta comienza a 4700 metros y desciende hasta 1500 metros en 64km de recorrido. Viene de la época Inca pero que fue reconstruida para el tráfico de mercancías y de personas en la década de 1930, durante la Guerra del Chaco (parte de la mano de obra fueron prisioneros paraguayos).

Para llegar al punto de partida subimos en coches hasta La Cumbre (Apacheta), a 4700 metros de altura, junto a la laguna Estrellani, en el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado COTAPATA. La Apacheta, por cierto, es lugar sagrado para los pueblos locales. Un lugar cerca del Sol y del cielo. Un lugar litúrgico donde hacen ofrendas en Agosto.

By OpenStreetMap contributors – http://www.openstreetmap.org/#map=13/-16.2531/-67.8025&layers=C, CC BY 2.5

El siguiente paso es preparar bien la equipación y comentar temas de seguridad: las bicis, monos, cascos, guantes y gafas. Hacía un día estupendo. Estábamos listos para bajar, del tirón, los primeros 21k en descenso por carretera asfaltada, hasta llegar al desvío que coge ya pista de tierra. Lo cierto es que este primer tramo por asfalto ya es peligroso por la gran cantidad de tráfico y camiones enormes que bajan por ahí teniendo en cuenta que puedes alcanzar muchísima velocidad! Además, en esta expedición vamos muy poquitos (nosotros cuatro y dos guías locales) por lo que «hay que esperar» menos. Ya se sabe que los grupos grandes ralentizan experiencias de este tipo y no te dejan correr tanto. Así que GENIAL 😛

El valle del descenso y la pista

A partir de aquí, la Death Road es una pista de tierra y piedras pero, eso sí: con el ancho de un coche y medio! Por momentos la pendiente resulta vertiginosa y hay que tener mucho cuidado en las curvas. Es complicado aminorar la velocidad tratando de no bloquear las ruedas y, si no se tiene cuidado, una mala caída se puede complicar lo indecible (no sólo porque puedes precipitarte por el barranco, si no porque una mera caída con tanta piedra… puede hacer buen destrozo). Y oye, como se suele decir, estás en medio de la nada (o en el culo del mundo 😛 ). Como dato para que lo visualicéis mejor os diré que los lados de la pista no tienen fondo (uno de ellos tiene 800m de caída).

En el pasado esta ruta era famosa por su peligro extremo y por la gran cantidad de accidentes y muertes que ocurrían al año (por algo no se llama la Happy Road, je). Y confieso que un pensamiento recurrente era: “cómo narices harán si se cruzan dos camiones en sentidos contrarios?!”. Por algo fue bautizada como el camino más peligroso del mundo en 1995 por el Banco Interamericano de Desarrollo, aunque, por suerte, ya no se utiliza para transporte de personas ni de materiales desde 2007 (ahora hay otra vía más segura, y esta queda más como reclamo turístico-bicicletero).

A todo esto: íbamos con dos guías Aimaras (Víctor y Miguel), que nos informaron de todas las normas de seguridad y propiciaron las paradas en los miradores que hay a lo largo de la ruta (paisaje precioso el del valle e imponente como él solo!) donde, por cierto, en una de ellas vimos un Zopilote, una gran ave carroñera de Bolivia. Voló por el valle y pasó por encima de nosotros 🙂

Las protecciones que no falten

Víctor y Miguel eran bien parlanchines y entre las cosas interesantes que nos contaron fueron, por ejemplo:

Que las lenguas locales que hay en Bolivia son el guaraní, el aimara (se habla en La Paz), el quechua (en Cochabamba y Potosí)… Que una de las montañas que vemos se llamada Montaña Mururata (o sea: «recortado», en aimara)… Que los Aimaras creen en La Pachamama (madre tierra) y siguen haciendo ofrendas con animales, por ejemplo: cuando construyen una casa/edificio/mina, meten como ofrenda un animal (muerto) en los cimientos para que todo vaya bien y que el edificio no se caiga…

Posados inolvidables

Hablando de sus animales: es verdad que todos sabíamos que las llamas son típicas de Bolivia y que se pastorean un poco como nuestros rebaños de ovejas. Pero no sabíamos que si bajan a pastos a menos de 4000m de altura, se les cae su lana. Ellas necesitan frío y bien de montaña, jeje.

Como inciso, por si os cae pregunta de trivial: la Llama y la Alpaca son animales domésticos, la Vicuña y el Guanaco son salvajes. Y esto en teoría es fácil pero… la realidad no lo es tanto porque los cuatro se parecen mucho! (Al menos a ojos de los europeos).

La pista concluye maravillosamente cuando llegamos al Hotel-Restaurante Montecarlo, justo al final de la Death Road y, sinceramente, no es tanto por el sitio en sí, si no por el hecho de poder relajarte después de tantas horas de tensión bajando aquella carretera.

Lo cierto es que esta ruta es un «must» si te gustan los deportes, montas en bici y vas a Bolivia. Tiene un riesgo controlado y mucha diversión. Los paisajes y el entorno natural son espectaculares y me queda en el recuerdo como algo muy especial. Y eso que sólo el comienzo de mi viaje por Bolivia! Esa misma tarde volvemos en coches a La Paz y empleamos el día siguiente en prepararnos para la siguiente aventura: hacer el trekking del Valle del Choro.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.